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Categoría: Nuestro patrimonio

Museo de Aníbal González, se lo debemos

Tirando de emeroteca encuentro una noticia del 21/07/2009, las páginas del ABC nos cuentan que Aníbal González, el arquitecto del siglo XX, tendrá un monumento y un museo commemorativo al cumplirse 80 años de la inauguración de la Plaza de España de Sevilla, su principal obra y por la que es mundialmente conocido.

Sería 2011 el año de su inauguración, pero el tiempo ha pasado y hasta la fecha solo el monumento, una estatua de Aníbal González, situada en la glorieta que lleva su nombre en la avenidad de Isabel la Católica, observa paciente la terminación del proyecto.

Dos museos lo componen, uno cubierto situado en la galería interior, concretamente en la Puerta de Aragón donde se expondrán los planos, documentos, fotos y enseres de Aníbal y el otro en el exterior que lo constituye la propia Plaza de España.

Cuando hace años empecé a interesarme por la arquitectura regionalista que inunda las calles de Sevilla, como técnico de montaje de andamios, tenía la obligación de pararme a contemplar los edificios que tras un siglo de existencia necesitaban obras de rehabilitación. Pero la obra de Aníbal González me llamó la atención de una forma especial y empecé a interesarme por aquel arquitecto que creaba edificios singulares, con múltiples estilos arquitectónicos y que usaba materiales de la arquitectura tradicional andaluza. En su biografía descubrí que al contrario de otros arquitectos regionalistas, él no venía de familias de constructores, que tras estudiar en la escuela de arquitectura de Madrid (1896-1902) termina los estudios como el número uno de su promoción, y cuando vuelve a Sevilla empieza a construir sus primeros edificios en estilo modernista para posteriormente pasar a un estilo historicista y terminar en una arquitectura que extrae sus raíces de un regionalismo andaluz y más plenamente sevillano que conservará hasta su muerte. Una vida profesional de 26 años (1902-1929) en la que desarrolla una actividad frenética que le lleva a realizar y construir casi doscientas obras y proyectos, gran parte de ellos monumentales y que han dejado en nuestra ciudad una huella imborrable. Una actividad reconocida en vida con múltiples galardones entre los que se encuentran el de Hijo Predilecto de la ciudad o el de la Cruz Alfonso XII a su labor profesional, pero también le acompañaron los sinsabores como el atentado sufrido en 1920 en la puerta de su casa, los problemas surgidos a la hora de afrontar su último gran proyecto la Basílica de la Inmaculada Milagrosa y sobre todo los problemas por el desacuerdo con el Comité Organizador de la Exposición Iberoamericana que le llevaron a dimitir de su cargo de director de obras. Aníbal González muere el 31 de Mayo de 1929, a los 53 años ,tres semanas después de haber comenzado la Esposición Iberoamericana, y muere arruinado teniendo que hacer la ciudad de Sevilla una colecta para construir una casa a su viuda e hijos.

Pero ¿de qué muere Aníbal Gonzalez? y ¿cómo es posible que un arquitecto como él con la cantidad y la calidad de obras que había realizado, había muerto arruinado?.

Buscando información en internet encuentro un artículo de ¨Sevilla en estampas¨ de fecha 12 de septiembre de 2010 ¨La última casa de Aníbal González¨, que daría respuesta a mis preguntas.

“Serían las dos y media de la madrugada del 31 de mayo cuando, como consecuencia de las complicaciones de una infección intestinal, el corazon del ilustre arquitecto se paraba para siempre”.

Las muestras de respeto no dejaron de sucederse aquel día, por su capilla ardiente instalada en la igleisa del Sagrario, desfilan las principales personalidades de la ciudad, pero sobre todo trabajadores obreros que quieren rendir el último homenaje a aquel hombre que durante años sería algo más que un arquitecto, obligando a abrir de par en par las puertas del templo.

Mayor fue la afluencia en las calles para contemplar el desfile del cortejo fúnebre que que llevaría los restos del arquitecto al cementerio de San Fernando.

Y muere agotado, su frágil salud había ido minando la vitalidad de su cuerpo y alma que durante años se había entregado a forjar la nueva imagen de la ciudad, la construcción de los Palacios de la Plaza de América, La Plaza de España, símbolos de una exposición que trasformaría la ciudad para siempre.

Y por las desavenencia con el Comité de la exposición apenas había cobrado sus honorarios, había trabajado prácticamente gratis. Publicaría la revista el Liberal tras su fallecimiento,” Don Aníbal, por cuyas manos pasaron tantos millones, muere pobre”

Tras su muerte los actos y homenajes se suceden y cinco meses después se pone en marcha una iniciativa a la que se adhiere toda la ciudad de Sevilla y sus instituciones, realizar una suscripción popular para construir una casa para su viuda y sus hijos. A finales de 1932 se entregaría la vivienda siendo los encargados de su construcción sus colegas Juan Talavera y José Espiau.

Se lo debemos, un museo que nos muestre quien fue este hombre, en el corazón de su obra. Su obra que le quitó la vida y le dio la eternidad.

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